
Patito feo
La heroína de la teleserie argentina “Patito Feo” (Canal 13) vivía en el sur
patagónico con su madre. Pero los caprichos de la ficción hicieron que se
mudara a un country en el conurbano bonaerense y se codeara con chicos
“cool”. Al grupo de huérfanos de “Casi ángeles” (Telefé) les sucedió algo
similar: de un año al otro, dejaron de ser pobres para asistir a un colegio
de niños ricos y ser huéspedes en un hogar que parece sacado de una
revista de decoración. Así lo ve Carlos Sanzol en un reportaje que publica
en La Nación sobre la evolución en el contenido de los guiones de las
series para adolescentes.
Los protagonistas de las ficciones televisivas para un público
adolescente viven en un mundo de abundancia, en el que la pobreza
parece no existir o, si la hay, las cámaras la muestran fuera de foco.
Enfrentado a ese arquetipo, los informes periodísticos que invaden
noticieros, magazines o docu-realities, como Policías en acción (Canal
13), muestran un modelo de adolescencia vinculado a la marginalidad,
las adicciones y la violencia.
Somos tan felices
En el country, Patito asiste a una exclusivo colegio, Prettyland School, una
casona colonial de estilo victoriano, donde los chicos ABC1 se pierden
en un laberinto de clases de comedia musical y de arte. Antonella, una
versión apta para todo público de Paris Hilton, es la reina del lugar
porque es linda y porque, gracias a la envidiable posición social de su
familia, puede acceder a una cierta idea de felicidad que se sostiene en
el consumo. “Quiero un camarín lleno de sushi y agua mineral francesa” o
“Me voy a casar en New York City”, son frases que suele decir esta chica
que piensa que la vida debe ser tan glamourosa como la que tenía Britney
Spears antes de haber caído en el barranco de las noches etílicas.
¿Qué encuentra de atractivo la televisión en retratar a teens como
Antonella? La respuesta no tarda en llegar: la TV es un mero
entretenimiento escapista que busca alejar al espectador de las
preocupaciones de su aquí y ahora. “Uno trata de ser lo más realista
posible en lo cotidiano de los adolescentes y no en lo oscuro. Es decir,
no son programas que tratan sobre la droga y el alcohol. Intentamos
entretener”, explica Marcela Citterio, guionista de Patito feo .
La autora insiste en esta idea sobre todo a la hora de haber elegido
centrar la ficción en un ámbito de clase alta: “Uno busca escapar de una
realidad que vive todo los días y que, a veces, es muy dura. Para muchos,
mirar televisión es una manera de evadirse un poquito”.
O bastante, si se tienen en cuenta escenas como las que se vieron en Casi
ángeles hace dos semanas , cuando los huerfanitos fueron a parar a un
club de strippers masculinos para terminar en una pelea. ¿Acaso no es
muy común que los adolescentes argentinos vayan a un lugar así o que se
preocupen por el dinero que ganarán o los autógrafos que les pedirán
cuando firmen un contrato discográfico, como lo hizo Antonella, en Patito?
Al parecer, la tele crea una suerte de mundo ideal, una imagen de alta
resolución de la sección “Ricos y famosos” de las revistas del corazón.
“En publicidad se usa el concepto de «lo aspiracional». Es decir, mostrar
aquello a lo que uno no pertenece, pero que desea. La degradación de la
clase media hace que la TV se rija por este término”, expone Jorge
Maestro, guionista de programas clásicos para adolescentes, como Clave
de sol y Montaña rusa .
En este micromundo, la clase media no tiene cabida: se es rico o no hay
existencia posible. “Los programas de ahora son productos disfrazados
de ficción que tienen un objetivo: la comercialización, el merchandising ,
el teatro, el disco.” Y agrega: “No son espacios de reflexión ni tienen
contenidos dramáticos. Son contenidos pensados por un productor. Esta
es mi humilde opinión”, dice Maestro.
Si se analiza el fenómeno desde el punto de vista comercial, se puede
concluir en que mostrar la riqueza por TV, genera más riqueza. En lo que
va de este mes (agosto), el rating acumulado entre Patito feo y Casi
ángeles sumó 25 puntos o lo que es lo mismo: alrededor de dos millones
y medio de espectadores vieron los programas. Como publicó La Nación
el 27 de julio pasado, en las boleterías del teatro Gran Rex, donde se
presenta la tira de Telefé, quedan, por función, 200.000 pesos. A esto hay
que agregarle las ganancias de la venta de CD, revistas y demás
merchandising.
Divide y reinarás
La televisión argentina para adolescentes no sólo circunscribe toda
historia a la franja ABC1, sino también a la dinámica de la lucha de
clases. En el caso de Casi ángeles , los huérfanos con la memoria aún
reciente de haber sido pobres deben padecer las cargadas de sus
compañeros burgueses del colegio. Y Patito tiene que respirar
profundamente y bajar la cabeza, cada vez que le recuerdan sus orígenes
“humillantes” de clase media.
Leandro Calderone, guionista de la tira que emite Telefé, plantea que este
divisionismo es necesario en términos narrativos: “Los protagonistas están
en un colegio de clase alta y conviven con chicos que tienen prejuicios
sobre ellos y que los segregan. Pero, esto tiene que ver con que la ficción
necesita de estos opuestos”.
¿No hay un modelo alternativo para contar conflictos que no tengan que
ver con las disputas encarnadas por chicos de doble apellido? “En las
ficciones para adolescentes de los 80 y los 90 se contaban los ritos de
iniciación vinculados al amor y a la sexualidad, la salida laboral, los
proyectos futuros y el reencuentro con amigos de la infancia. En cambio,
ahora, los personajes no tienen individualidad. Sólo retratan grupos que
se oponen entre sí con una temática discriminatoria”, critica Maestro.
Chicos politóxicos
Lejos del ideal de clase alta al que aspiran las ficciones para
adolescentes, Policías en acción muestra el costado marginal de los
púberes. Una de las secciones clásicas del programa son las peleas a la
salida de los boliches del conurbano. Allí, se pueden ver a chicos y
chicas alcoholizados o drogados que dicen defender su honor a los
puños.
El ciclo se regodea con primeros planos a un veinteañero que cumple la
¿hazaña? de beber un litro de cerveza en un minuto y a otro que a duras
penas puede mantener el equilibrio y que grita, con tono tumbero y a
millones de años luz de los adolescentes bilingües de Patito feo : “Eh,
¿qué decís?, Gato”.
“Este tipo de programas transita por una línea sensacionalista para generar
un impacto revulsivo y horroroso en el espectador. Además, cumple una
función aleccionadora. Es decir, muestra lo que no hay que hacer”, explica
el psiquiatra José Sahovaler, especializado en niños y adolescentes, y
autor del libro Psicoanálisis de la televisión (Ediciones El otro).
Mientras que Policías alecciona, Patito y Casi ángeles tientan a los chicos
con un mundo de abundancia. “Después de la era Menem, el ideal a
conseguir no es pertenecer a la clase media o tener estudios, sino
acceder al modelo de la pizza con champagne. Y esto, tiene que ver con
lo que la televisión muestra”, concluye el especialista.
Como se ve, la TV parece dividir a los adolescentes en dos ejércitos: los
felizmente abundantes y los que para acceder a una idea precaria de
felicidad deben tomar cócteles a base de cerveza y pastillas.
Nunca estos mundos se van a mezclar. Los primeros tendrán cabida en las
ficciones para teens y los segundos, en los ciclos periodísticos. De eso,
deja constancia Maestro, quien una vez planteó contar la historia de unos
adolescentes de clase obrera. La respuesta fue categórica: “En TV, no hay
que tirar pálidas”, cuenta que le dijeron.


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