
La producción audiovisual argentina tiene una deuda con los televidentes más jóvenes, uno de los grupos que pasa más tiempo frente a la pantalla aunque casi no exista programación que tenga en cuenta sus necesidades e intereses. Adrián Suar, director de programación de Canal 13, admitió que la ausencia de contenidos para chicos se debe a que “se intentaron alguna cosas con poco éxito y no se probó de nuevo” y a que “hay períodos en los que no pasa por la cabeza del programador, y tampoco nos vienen a ofrecer propuestas”.
Diferentes modelos de concebir y hacer televisión para la audiencia infantil y juvenil se confrontaron esta semana durante un seminario, para el que el ministerio de Educación de la nación convocó a Suar, por Canal 13; Sonia Jalfin, productora ejecutiva de Telefé; Tristán Bauer, director del Sistema Nacional de Medios públicos y creador del canal Encuentro; y a representantes de medios de Francia, Reino Unido y Estados Unidos.
La valoración de niñas, niños y jóvenes como público específico y las estrategias para impulsar contenidos en cantidad y de calidad, que sean emitidos en horarios especialmente pensados para ellos, fueron motivo de un debate que merece continuarse e incluirse en las discusiones por una nueva ley de radiodifusión.
Bauer contó cómo el Canal Encuentro se propuso crear nuevos criterios de calidad utilizando todas las potencialidades del lenguaje audiovisual, destacó la propuesta infantil del canal “Pakapaka”, que –anunció- se ampliará en una nueva señal televisiva para niños y luego describió los desafíos desde su nueva función pública para Canal 7 y Radio Nacional.
En tanto la representante por Telefé se refirió a producciones como “Montecristo”, “Vidas Robadas”, “Televisión x la Identidad” y “Ver para leer” como ejemplos de televisión de calidad, pero no tuvo respuestas acerca de cómo tienen en cuenta a la audiencia infantil, que representa un tercio de la población y es la franja más expuesta a la tele.
Suar repasó también el compromiso de Canal 13 a través de algunas producciones como “Cuestión de peso”, “Algo habrán hecho”, “A quién le importa la educación”, “Un sol para los chicos”, entre otros, y provocó: “¿qué significa una televisión educativa, en un país al que no le importa la educación?”. El actor y productor dijo que “ya no hay figuras” de animadores infantiles como hubo en las décadas ‘70 y ‘80, que hoy los chicos son diferentes y “se fueron mucho al cable”, pero nada dijo sobre la ausencia de propuestas de otro tipo de género pensadas para ellos desde la actualidad (de ficción, animación, informativas, deportivas, educativas, entre tantas otras). En cambio, sí respondió que la escalada de sexo y pornografía que se ve en la pantalla chica a toda hora se debe a “un momento de una televisión más sexual, que tiene picos y va a pasar” y admitió que “hay algunos problemas con el horario de protección al menor, hay imágenes bravísimas en los programas más amarillos de chimentos”.
“Si el Estado tuviera que regular la televisión me da miedo, me hace acordar a una época de terror”, expresó Suar ante la pregunta de la titular del área de infancia del ente regulador de la televisión francesa, Agnès Vincent Deray, que quería saber si los canales privados argentinos debían rendir cuenta a algún organismo por su programación.
La experiencia en Francia y Reino Unido
Vincent Deray había relatado cómo en su país, para estimular la producción y emisión de contenidos para niños y jóvenes, una ley establece “cuotas de pantalla” -los canales públicos deben emitir un mínimo de dos mil horas anuales para niños y jóvenes y los privados, mil- y obliga a destinar porcentajes de sus ganancias a la producción de nuevas obras de animación locales. En tanto, el representante de la Ofcom, la oficina que regula los servicios de televisión, radio, telecomunicaciones e internet en el Reino Unido, Paul Moore, relató que allí a partir de la nueva ley de 2003 los canales privados deben informar y fundamentar ante el organismo los cambios en la programación dirigida a los niños.
A su vez, recientemente el estado francés prohibió la publicidad de alimentos no saludables para niños y los canales destinados a niños de menos de 3 años, porque los consideró innecesarios para esa edad. Moore explicó que en su país hay una visión más pragmática del asunto: “los niños de cualquier modo ven televisión, así que es mejor ofrecerles un contenido que pueda ayudar a su desarrollo”, y por eso desarrollaron, por ejemplo, los “Teletubbies”.
El representante inglés también mencionó las modificaciones que está generando Internet y otras nuevas tecnologías en las formas de ver y producir materiales audiovisuales y señaló que los realizadores televisivos deben atender a estos cambios si no quieren perder a sus audiencias, sobre todo a los más jóvenes. En este contexto de convergencia tecnológica es necesario revisar las estrategias de regulación y la vigilancia de los contenidos, dijo Moore y expresó que la clave está en una política de alfabetización mediática de niños y jóvenes.
En el mismo sentido, la francesa Vincent Deray señaló que para que sea efectiva su tarea de vigilancia sobre los contenidos audiovisuales y sus horarios de emisión –que incluye advertencias y, en algunos casos, hasta la prohibición- debe ser acompañada por los productores y toda la comunidad, especialmente por los padres, a quienes se dirige una campaña anual de sensibilización.
Cuánto y cómo ven tele los adolescentes argentinos
Durante el año pasado, en Argentina se emitieron en los canales de aire 374 programas diferentes y sólo trece de ellos fueron destinados a los chicos, de los cuales siete eran extranjeros. Sólo dos de diez los programas más vistos por los chicos eran argentinos. En 2008, la televisión abierta aún no ofreció ninguna producción nueva para esta franja, sino que transmitió nuevos capítulos de series que continúan desde el año anterior.
La encuesta de consumos culturales que realizó el Ministerio de Educación entre chicos de todo el país de entre 11 y 17 años permitió conocer un poco más acerca del importante lugar que ocupa la televisión en sus vidas: el ciento por ciento de sus hogares tiene un aparato de tv y el 60 por ciento, dos o más; a su vez, el 40 por ciento de los adolescentes lo tiene en su propio cuarto. Miran entre dos y tres horas diarias y el 85 por ciento aseguró que mirar tele es la actividad que más comparten con su familia (más que comer o hacer los deberes).
El ministro de educación, Juan Carlos Tedesco, resaltó el rol de “agente socializador” que tienen hoy los medios, celebró la calidad del canal Encuentro que depende de su cartera y aludió a que “es hora de que el sector privado asuma su responsabilidad pública sobre los contenidos que transmite a la población”.
Roxana Morduchowicz, del programa Escuela y Medios de ese ministerio, describió algunas pautas de calidad televisiva con las que se abrió el primer dia de debate: identificar las demandas de la audiencia, priorizar valores y modelos constructivos, ofrecer calidad estética, diversidad de formatos y géneros y pluralidad de opiniones, favorecer la producción nacional, promover a cultura y el entretenimiento, entre otros puntos. Pero la segunda jornada, que convocó a los productores locales, dejó descubierto un problema previo. Si bien hay buenos ejemplos de tv de calidad en el país, aún es escaso el interés por generar más propuestas para los niños y jóvenes.
Diez puntos para la nueva ley
Organizaciones dedicadas a contenidos audiovisuales y a infancia elaboraron un documento con ‘10 puntos para una televisión de calidad para nuestros niños, niñas y adolescentes’, que piden ver incluido en el proyecto de una nueva ley de radiodifusión, todavía no definido.
Entre las proposiciones, figura “habilitar una franja de tres horas diarias de programación de calidad para niños, niñas y adolescentes, compuesta en un 60 por ciento por programación de producción nacional y un 40 por ciento por programas provenientes de distintos países del mundo, que den cuenta de la diversidad cultural”. Además, en el documento se requieren “cuotas dirigidas a diversificar los países de origen de la programación que se importa y las fuentes de producción local de la misma, como requisitos para la existencia de diversidad cultural y la participación de pluralidad de actores sociales, perspectivas y miradas”.
Otra propuesta es la creación de “un Consejo Asesor del Audiovisual y la Infancia, multidisciplinario y pluralista, integrado por personas y organizaciones sociales con reconocida trayectoria en el tema y por representantes de niños, niñas y adolescentes” que, entre otras funciones, debería “establecer criterios y diagnósticos de contenidos recomendados o prioritarios y, asimismo, señalar los contenidos inconvenientes o dañinos para los niños, con el aval de argumentos teóricos y análisis empíricos”.
Los últimos puntos del documento apuntan a la necesidad de “monitorear el cumplimiento de la normativa vigente sobre el trabajo de los niños, niñas y adolescentes en la televisión”, y a “establecer y concertar con los sectores concernidos, criterios básicos para los contenidos de los mensajes publicitarios, de modo de evitar que éstos tengan un impacto negativo en la infancia y la juventud, teniendo en cuenta que una de las principales formas de aprendizaje de los niños es imitar lo que ven”.
Fuente: La otra mirada


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